Después del temblor:
la Ternura como refugio y apoyo emocional para la niñez en Venezuela
Autora: Dra. Anna Grellert
Como médica pediatra, a lo largo de los años he acompañado a muchas niñas, niños y familias en medio del dolor, la enfermedad, el miedo y la incertidumbre. En ese camino he aprendido algo profundamente humano: no todas las heridas son visibles, pero aun las dolencias del corazón necesitan cuidado y atención oportuna.
El impacto emocional del sismo en la salud mental infantil
Cuando ocurre un terremoto, no solo tiembla la tierra; también pueden desestabilizarse el cuerpo, las emociones y el sentido de seguridad de la niñez. El miedo, la confusión, el silencio, el llanto, la irritabilidad o incluso el aparente “no sentir nada” son respuestas psicológicas esperables ante una experiencia profundamente abrumadora. Por eso, hoy queremos recordar un principio esencial: el cuidado emocional también salva vidas.
Desde el enfoque de la ternura, comprendemos que el primer paso para sanar no es explicar lo ocurrido, sino ayudar al corazón a reencontrar un entorno seguro. Existe un imperativo biológico en la corregulación emocional: antes de razonar, nuestro sistema nervioso necesita experimentar seguridad en relación con otro ser humano. Solo cuando el corazón recupera la serenidad se abre la puerta de la razón, de la elaboración de sentido y de la creatividad necesaria para volver a actuar y servir a otros, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad.
Tres principios clave para el cuidado y acompañamiento de la niñez

Desde esta perspectiva humanitaria, compartimos tres claves fundamentales para brindar acompañamiento emocional a la niñez tras el impacto de un terremoto:
1. Corregulación: la calma compartida devuelve seguridad
Cuando una niña o un niño siente miedo, necesita de forma prioritaria el acompañamiento de un adulto sereno y autorregulado.
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Enfoque cercano: Acércate manteniendo una voz suave, pausada y un tono contenedor.
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Contacto empático: Sostén un contacto visual amable y, si el menor lo permite, una cercanía física o abrazo que le brinde un refugio seguro.
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Validación emocional: Valida sus sentimientos de forma explícita mediante frases como: “Entiendo que tengas miedo” o “Lo que viviste fue un momento muy fuerte, pero aquí estoy contigo”.
La calma de un adulto ayuda al sistema emocional infantil a salir del estado de alerta biológica y trae paz al corazón. Este constituye el primer paso indispensable de todo proceso restaurativo.
2. Construcción de sentido: poner palabras ayuda a integrar lo vivido
Después de recuperar los niveles básicos de calma, las niñas y los niños necesitan procesar y comprender de forma gradual lo ocurrido.
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Escucha activa: Escucha con atención plena, sin presionar ni forzar relatos o detalles
dolorosos.
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Canales de expresión: Genera espacios y oportunidades para que expresen lo vivido a través de palabras, dibujos, dinámicas de juego, oraciones o canciones.
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Narrativa sanadora: Acompáñalos a construir su propia historia, ayudándoles a nombrar su experiencia para integrarla de manera saludable en su memoria afectiva.
Cuando una experiencia traumática o dolorosa logra ser narrada y acogida por un entorno amoroso, deja de percibirse como un caos incomprensible y comienza a asimilarse como parte de la historia de vida.
3. La acción solidaria: recuperar la agencia y la esperanza
Un desastre natural como un terremoto puede dejar una profunda sensación de impotencia e indefensión. Por lo tanto, reactivar pequeñas acciones comunitarias concretas contribuye a restaurar el sentido de capacidad, resiliencia y esperanza.
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Participación activa: Involúcralos en pequeños actos de solidaridad para que descubran que su contribución es valiosa para el cuidado de su comunidad.
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Acciones colectivas: Pueden realizar oraciones por las familias afectadas, compartir juguetes o alimentos, o preparar dibujos y mensajes de aliento para otras niñas y niños en situación de vulnerabilidad.
Reflexión central: La solidaridad le recuerda a la niñez una verdad profunda: aunque no podemos controlar todos los eventos de la naturaleza, sí poseemos la capacidad absoluta de cuidarnos mutuamente.
Permanecer presentes ante la emergencia con fe y resiliencia
A lo largo de mi trayectoria he aprendido que sanar no siempre significa la ausencia total de dolor, sino descubrir las herramientas para atravesarlo sin perder nuestra capacidad de amar, vincularnos y seguir esperando. He sido testigo de cómo, cuando una niña o un niño encuentra un corazón amoroso y sereno que le acompaña, una narrativa que le ayuda a asimilar lo vivido y una comunidad que le devuelve la posibilidad de cuidar y servir, emerge algo profundamente transformador: la vida vuelve a abrirse paso.
Esa es la razón fundamental por la que sigo creyendo firmemente en el poder de la ternura. Porque la ternura, en su dimensión más profunda, es la capacidad de permanecer presentes ante el sufrimiento ajeno sin abandonar jamás la esperanza.
Mi oración y compromiso para con la niñez de Venezuela es que, aun en medio del temblor y las dificultades de la emergencia, cada niña y cada niño logre encontrar brazos que le sostengan, corazones que le comprendan y comunidades sólidas que le recuerden que nunca estará solo.
Dra. Anna Christine Grellert, MD MPH
Asesora Regional de Niñez en Desarrollo
World Vision América Latina y el Caribe (LACRO)

